Del donoso y grande escrutinio que tienen que hacer las mujeres de la nueva generación frente a las previas y las que las preceden y no te preocupes por lo que te haga falta que tú tienes tías
Por la presente se declara urgentemente que todas las hijas aprenderán a hilar la aguja y coser desde temprana edad para beneplácito de la república y de todos sus soldados combatientes. Pero lo que no podrán negarle ni de lejos es el privilegio de plantarlas justito de cara al frente de la belleza y lo extraordinario.
Para total sorpresa de todos, menos la mía, terminaste el bachillerato en ingeniería un semestre antes de lo que se suponía tal cual te llevaste todas las medallas en todo, toda la vida y perennemente que te proponías algo en la educación, lograste. Desde niña volaste por los requisitos escolares a micro pasito de salsa y muy sonriente. Habías disfrutado a horrores lo que a muchos deja deshidratados y sin respiración. Tan así que hasta contemplaste concentrarte en el estudio de la matemática pura aunque en el fondo siempre supiste que la ingeniería medioambiental era lo tuyo. Desde que empezaste a escuchar a tu consciencia lo habías dicho y vislumbrado como justo y necesario; y lo que permanentemente admiré era lo bien que hacías sentir a los que te queríamos tanto, sobre todo, tras haber sido infranqueable y feroz cómplice de tus aspiraciones y esperanzas propias incluyendo aquellas con las que no estábamos de acuerdo.
Desde luego aquello de que te hubieras echado una novia justo antes de la graduación fue un muy difícil trago incluso para una familia en la que se consume todo y rápido, tal cual tragar y aspirar fueran sinónimos. Nos tragamos todo, menos los avances y progresos ideológicos. Nos apretaste mucho el corazón con eso de tu homosexualidad y la posibilidades en aquella época de que consecuentemente no tuvieras hijos. Despertaste nuestros miedos y me alarmaba yo ante el hecho de que no te fijabas en lo hermosa que estabas aunque no pudiera yo decírtelo. Como sabes mi mayor sequía, mi mayor carencia, fue no poder nunca decir te quiero o expresar amor. Aun así, hubo momentos en que disfrutamos de la conversación. Recuerdo que pasaste horas intentando explicarme que ser hermosa no tenía nada que ver con el que amaras otras mujeres, que al contrario y muy empece a las apariencias, eras dueña de un alma que amaba sin atarse a la forma prescrita de los órganos y que saberlo te hacía perfecta dueña de tus deseos, pero caray qué doloroso para mí fue todo aquello.
Y claro ahora que te graduabas antes de tiempo, el problema mayor era, ¿qué te vas a poner para la ceremonia? Como nunca te ha importado ese tipo de cosa ya te veíamos tan contenta desfilar con los mismos pantalones que te pones para ir a trabajar por los campos, tus adoradas botas y tus olorosos rizos adornados de la cachispa que cogieras por los necesitados caminos por los que recorres el mundo todos los días. Por suerte, y te recalco que muchísima es la tuya, tienes tías que se encargan de esas cosas.
Coming soon… La historia de la tía María a quien le hicieron una histerectomía cuando cumplió 21 años diz porque en esta familia las mujeres simplemente paren demasiado.
La tía María a quien quisimos tanto
A la tía María a quien quisimos tanto la habían esterilizado justo antes de que cumpliera sus 21 años y desde que le sacaron todo lo que pudieron hasta el ombligo no había sido la misma de antes. Nadie recuerda si en realidad se había puesto mala, o qué exactamente la obligó a cruzar el puente y pedir turno en la clínica que habían abierto en el pueblo por aquellos días. Como las mujeres no se supone que hablen de esas cosas, nunca supimos qué le aquejaba. Algo cabizbaja después de ese viajecito al pueblo, esa noche hubo más pegao en el fondo del caldero que de costumbre puesto que mientras hacía el arroz se había quedado pensando en lo que le dijo el doctor aquella tarde.
— Doctor, ¿y qué pasa si no me hago la operación?
— Pues lo más probable es que le dé cáncer.
— Por Dios, qué tajante. La falta de “desafortunadamente”, o por lo menos alguna palabra de aliento o que expresara pena, la dejó muy callada. Sin embargo, al momento le hizo otra vez la misma pregunta pero pensando en otras como ella, ¿pero qué le pasa a las mujeres en otros países en los cuales no se permite hacer este tipo de operación?
— Se mueren de cáncer.
Entonces Tía María que muy poco se chupaba el dedo concluyó; bueno pues está claro que este tipo de operación se usa como un medicamento contra el cáncer, y hasta sonrió pensando, “qué interesante”. Yo que vine pensando que quizás me podrían ayudar a controlar aquellos charcos de sangre que me salían del cuerpo cada vez que se asomaba la luna llena. No dijo nada, por supuesto.
Lo que Tía María no se podía imaginar en ese momento era cómo una operación mal hecha la sembraría frente a la muerte mucho antes de lo que se merecía y mucho más dolorosamente. Las cosas que le pasan a las mujeres.